Pocas fiestas tienen tanta fama visual como Holi, el festival hindú que marca la llegada de la primavera. Se celebra principalmente en India y Nepal, pero su popularidad se ha extendido por todo el mundo. Durante esta festividad, las personas salen a la calle para arrojarse polvos de colores, cantar y bailar. El aire se llena de tonalidades brillantes como símbolo de alegría, renovación y unidad. Holi también tiene un trasfondo espiritual: representa el triunfo del bien sobre el mal y la importancia del perdón y los nuevos comienzos.
El Carnaval de Río es una explosión de color, música y sensualidad. Considerado el carnaval más famoso del mundo, se celebra durante cinco días antes del inicio de la Cuaresma. Las escuelas de samba desfilan por el sambódromo con carrozas espectaculares, trajes deslumbrantes y coreografías que llevan meses de preparación. Esta fiesta combina herencias africanas, indígenas y europeas, y es un reflejo del espíritu festivo y multicultural del pueblo brasileño. Más que un espectáculo, es una celebración del cuerpo, el ritmo y la libertad.
Aunque su nombre pueda sugerir lo contrario, el Día de Muertos es una de las celebraciones más coloridas y alegres de México. Durante los primeros días de noviembre, las familias mexicanas honran a sus seres queridos fallecidos con altares decorados con flores, calaveras de azúcar, velas, papel picado y platos típicos. Los cementerios se llenan de vida, música y color, en una fusión única entre lo festivo y lo espiritual. Esta tradición, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es una manifestación profunda del vínculo entre la vida y la muerte en la cosmovisión mexicana.
Cada abril, Tailandia celebra su año nuevo con una fiesta que también es un gigantesco juego de agua. Durante el Songkran, las calles se convierten en campos de batalla acuáticos donde personas de todas las edades se arrojan agua mutuamente, como símbolo de purificación y buenos deseos para el nuevo ciclo. Además del juego, la festividad incluye rituales budistas, visitas a los templos y respeto a los ancianos. Es un momento de renovación y alegría colectiva, marcado por una mezcla de espiritualidad y diversión desenfrenada.
En Buñol, un pequeño pueblo de la Comunidad Valenciana, cada agosto se vive una de las batallas más inusuales y coloridas del mundo: la Tomatina. Miles de personas se reúnen para lanzarse tomates maduros en una guerra sin más reglas que disfrutar. Aunque comenzó como una travesura juvenil en 1945, hoy es una fiesta internacional que atrae a visitantes de todo el mundo. Durante una hora, las calles se tiñen de rojo, y el pueblo entero se transforma en un escenario de risa, caos y jugo de tomate.
Estas dos celebraciones, que suelen coincidir en noviembre, son quizás las más visualmente impactantes de Tailandia. Mientras en Loy Krathong se lanzan al agua pequeñas balsas decoradas con flores, velas e incienso, en Yi Peng se sueltan al cielo miles de linternas voladoras que iluminan la noche como estrellas flotantes. Es un momento de deseo y gratitud, profundamente espiritual y estéticamente sobrecogedor. Ver el cielo transformarse en un mar de luces silenciosas es una experiencia difícil de olvidar.
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